Entonces no te quejes

Foto plaza mayor de León. minube.com

El día de los solteros, el Black Friday, el Cybermonday, la ofertas de Halloween, del Día de los Enamorados. A este paso acabaremos celebrando el Día de Acción de Gracias y si te descuidas el Nuevo Año Chino. Pero, ¿de dónde ha salido tanta gilipollez? Sí, ya sé, de un mercado loco por vender. Interesado en crear la falsa sensación de que hay días en los que todo es tan barato que puedes comprar cosas que ni siquiera necesitas. Así que todo el mundo pendiente de su móvil para pillar chollos. Es muy fácil, haces un par de clicks y has comprado en una gran red comercial China una verdadera ganga; o le adquieres algo a una compañía americana que paga impuestos reducidos en Irlanda o Luxemburgo o en las Isla Feroes. Le das al click y pocos días después una mensajera encantadora, muy mal pagada y con un horario de mierda, te trae tus paquetes. Tú feliz pensando que has ahorrado mucho dinero. Pero, párate un minuto y piensa, ¿es de verdad ahorrar lo que has hecho, o estás contribuyendo a la catástrofe?

Déjame que cuente ahora la historia desde otra perspectiva. En diciembre de 2020 España tiene un 16% de su población desempleada (¡sin contar ERTES!), un 25,3% está en riesgo de pobreza (¡el dato es de antes del inicio de la crisis COVID!, ahora ni se sabe). Bien, bien, lo que se dice bien, no parece que vayan las cosas. Algún aprendizaje tendremos que sacar de todo esto. Algo estaremos haciendo mal. Te doy una pista de por dónde pueden ir las cosas, y luego tú decides. Seguro que no se te ha olvidado en qué país empezó la pandemia, tal vez hasta recuerdes quién nos vendió a precio de oro las primeras mascarillas, geles y respiradores. Pues mira el dato: la economía China crece al 5% mientras que el PIB español cae un 11%. No les va tan mal a los del Día de los Solteros. Nuestra economía está completamente endeudada y lo va a estar por generaciones. Espera, seguro que estás pensando: ¡vaya rollo!, ¿todo esto qué tiene que ver conmigo?; yo sólo trinqué un ordenata a buen precio en internet. ¡Pues claro que tiene que ver! Ahora te lo demuestro.

Hubo un tiempo que la carnicera salía un día a comprar ropa para su familia en la tienda de su vecina del barrio. Y compraban camisas hechas en Galicia y chaquetas tejidas en Sabadell, que probablemente no eran tan chollos como las que ahora compras, pero daban de comer a hacendosos gallegos y a esforzadas catalanas (que probablemente eran en origen emigrantes andaluzas). Luego la dueña del comercio de ropa iba a comprar a la tienda de electrodomésticos, que vendía unas lavadoras fantásticas que fabricaban en el País Vasco. Y la tienda de electrodomésticos contrataba a personas que se gastaban su dinero en las tiendas de alimentación del barrio que vendía los productos frescos que le llegaban de hortelanos y granjeros de los alrededores. Ya no hace falta que siga con el ejemplo, puedes añadir todas las profesiones que quieras en esta red de comercio local, y luego llevarlos a todos juntos a tomar una cervecita en el bar de la esquina como en las series de la tele. Recuerda además que todos ellos - a regañadientes, eso sí - pagaban y pagan sus correspondientes impuestos a la Hacienda española (o autonómica, eso importa poco ahora). Y que esos impuestos servían y sirven para pagar médicas y maestros, policías y bomberos, y hasta inspectores de hacienda. Profesionales todos que a su vez gastaban sus sueldos en la carne, las lavadoras vascas, la fruta del pueblo, las cervezas o las chaquetas catalanas.

Así que sí, cada vez que haces click y compras algo en un mercado internacional estas contribuyendo al empeoramiento de la economía nacional. Suena fuerte, pero es así. Estás dejando sin trabajo al que produce las materias primas aquí, al que fabrica los productos y a la que los vende. Y encima contribuyendo a que sea la Hacienda de otro país quien se quede con los impuestos que generan todos esos procesos.

¿Sabes qué es lo peor? Que tal vez tú seas la carnicera del ejemplo, o la dependienta de la tienda de electrodomésticos, o el médico, o la maestra o el desempleado de la fábrica de Sabadell que no pudo competir con las chaquetas Made in China. Tú que te quejas tanto de tu situación y te enorgulleces del chollo que has comprado en internet. Asómate a la puerta de tu casa. ¿Ves a tu vecina desesperada esperando que alguien entre en su comercio? La vecina eres tú. Hazte un favor. La proxima vez, antes de hacer click en tu teléfono, piensa si puedes comprar algo parecido en el comercio local. Puede que te parezca que allí las cosas son algo más caras, o que no hay tanta oferta. A cambio busca prendas de calidad fabricadas en España o en la UE. Compra solo lo que necesites porque ni tú ni el planeta se pueden permitir tanto despilfarro, pero compraselo a tu vecino. Haciéndolo, no solo le das trabajo a él, sino a toda la gente del país que ha contribuido en la fabricación del producto. ¿No te he convencido? ¿Prefieres ahorrarte unos euros comprando en la red? Está bien. Estas en un derecho. Pero entonces no te quejes.

Alberto Rodríguez M.

Alberto Rodríguez Morejón
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